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"Porque se tiene conciencia de la inutilidad de tantas cosas a veces uno se sienta tranquilamente a la sombra de un árbol- en verano- y se calla". A. González.



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miércoles, 17 de marzo de 2010

LA COSTUMBRE DE MENTIR

A mi hija Elisa le sorprende el baile de cifras que sigue a las manifestaciones. Los convocantes no suelen andarse con mucha prudencia a la hora de cuantificar el paisaje de la participación, ese horizonte de cabezas y banderas que se alarga en las calles y rodea las fuentes de las plazas. Se trata de una costumbre lógica, porque a todo el mundo le gusta salir bien en las fotografías, pero llega a extremos ridículos en demasiadas ocasiones.

La derecha española, poca acostumbrada durante los años de la dictadura a manifestarse, descubrió con la democracia el derecho a la protesta, y le ha tomado tanto gusto a las concentraciones públicas que ofrece un ejemplo de generosidad y derroche cuando hace números. La televisión autonómica de Esperanza Aguirre supone un gran aliento para todos los que luchamos contra la despolitización y la pérdida de crédito de las causas públicas. Cada vez que la derecha social convoca una manifestación, los ciudadanos salen de forma masiva a la calle.

Las manifestaciones de este fin de semana contra la ley de interrupción voluntaria del embarazo han supuesto más bien un fracaso. La rotundidad de los gritos, llamando asesinos y comunistas totalitarios a todos los que apoyan la ley, se ha visto acompañada por un seguimiento poco apasionado. Las mediciones de las fotos aéreas de Madrid dan un cálculo bastante exacto de 9.726 manifestantes. Dispuestos a interpretar la realidad de acuerdo con sus deseos, los organizadores fijaron la asistencia en 600.000 personas.

- ¿Pero cómo se puede mentir tanto?, me pregunta Elisa.

- Todos mentimos, y tú la primera, para qué vamos a mentirnos. A veces no es muy importante, y mentimos para salir del paso, para esconder que no se han hecho los deberes, para llegar un poco más tarde a casa. Otras veces mentimos incluso por educación, para hacer posible la convivencia…

- Eso, siempre que me pillas en una mentira es porque quiero convivir.

- No siempre, no seas fullera. Pero te agradezco, por ejemplo, que no me recuerdes constantemente lo viejo que estoy, o lo gordo que me voy poniendo, o que todo lo que digo es una tontería. El problema no es echar de vez en cuando una mentirijilla o buscar una excusa para no quedar mal con alguien. El problema es instalarse en la mentira, caer en la negación de la realidad como forma de vida.

- Si van 9.000 personas a una manifestación, no se puede decir que han ido 600.000.

- Fíjate que eso puede ser incluso una mentirijilla sin importancia. Instalarse en la mentira es una cosa más grave. La gente que no quiere que se legisle la interrupción del embarazo opina casi siempre negando la realidad, como si el aborto no fuese un problema real con ley o sin ley. Instalarse en la mentira es, por ejemplo, hacer que tu hija aborte en secreto si se queda embarazada, y luego poner el grito en el cielo porque exista una ley para regular el aborto. La hipocresía ha sido una característica muy común en las sociedades conservadoras.

- Sí, una cosa es mentir un poco, y otra ser una cínica. Ya entiendo, no es lo mismo no hacer los deberes un día y no contarlo, que dejar de ir al colegio por costumbre.

- Cuando las versiones oficiales se alejan de la realidad nos instalamos en la mentira. No es que mintamos, es que nosotros mismos empezamos a ser una mentira, nos quedamos huecos por dentro. Los políticos deben gobernar sobre la España real, no sobre la España oficial que cada uno quiera tener en su cabeza. Cuando fue elegida ministra Bibiana Aído, la prensa conservadora empezó a hacer chistes sobre ella, a reírse en tono machista. Quiso crear una versión oficial ridícula de su Ministerio. En vez de entrar en el juego, ella ha preparado una buena ley para responder a las necesidades de la España real. Eso significa trabajar a largo plazo y dejarse de simulacros.

- Pero dice el PP que cuando gobiernen van a quitar la ley.

- Ya verás como no la quita. La derecha dijo lo mismo sobre el divorcio. Aunque les gustaría vivir la mentira de la anulación matrimonial de la Iglesia, hoy la sociedad real no soportaría semejante disparate. El divorcio es una realidad hasta para la derecha, y ya sabes por quien lo digo…

4 comentarios:

Marian dijo...

Este artículo aprareció el 8 de marzo en la prensa, a raiz de las manifestaciones en contra del aborto. Lo cierto es que aquí el tema principal no es éste sino la hipocresía en la que viven muchas personas y la mentira constante de los políticos en particular. El baile de cifras sobre los asistentes a las manifestaciones, por ejemplo, es un espectáculo esperpéntico que a veces pone en entredicho la cordura de los lectores o los espectadores.

Dice G. Montero que el problema es "vivir en la mentira", decir unas cosas aunque, después, se actúe de otra forma.

¿ Qué opináis vosotros?

Bboy dijo...

me parece una muy buena reflexión en forma de crítica de la mentira en la sociedad, y concretamente centrandose en la política en la cual abunda. Esto es algo que había sido considerado por maquiavelo y Spinoza, filósofos de la época moderna, de la utilización de la mentira para mantenerse en el poder, por tanto es por ello que se recurre a la mentira.

Alejandro dijo...

Lo que más me sorprende sobre este artículo es la sorpresa que produce, ¿como puede ser que alguien estire cifras de esa manera tan descarada? nos pasa por la mente al ver esas "burradas", me parece hipócrita decirnos que esas mentiras son una completa locura, decirnos al cuello de la camisa que no, que las cosas no deberían ser así.
No me refiero a la mentira cifrosamente ridícula que nos escribe García Montero (de 10000 personas a medio ejército), me refiero a esa automentira de los que critican la ley del aborto(que supongo que no se llamará así) porque prefieren que no se reconozca de forma total que existe una realidad social agitada que necesita de medidas desmedidas para acotarla también, como lo demás. Esa es la verdadera mentira, metamentira, si se me entiende. Por que esas mentiras clamorosas, forman otra mentira mayor, una hipocresía general, un hábito de convivencia falso, pero que parece necesario.
Lo que quiero decir con esto es que esta claro que se nos pone el bello de punta al oír esas mentiras desveladas y tan directas, del tipo; todo esta bien todos vivimos dignamente, la niña abraza a mama y papa para comprar chucherías, educaremos a los jóvenes del mañana, allí hay armas enormes que explotan...
Esas mentiras se saben que son mentiras, como cuando le dices a alguien que le queda bien este o aquel peinado, cuando prestas atención a un tema que te da igual... sonreímos al oír esas cosas, pero sabemos que son mentira. Como ya he dicho, lo que a mí me preocupa más, es esa mentira camuflada, esa hipocresía general que me parece absolutamente necesaria, y por favor que me equivoque, pero más que "vivimos en la mentira" sería "vivimos de la mentira", y si es así, que reitero; espero que no sea, que no se nos olviden dos cosas; debemos ver esa mentira desde fuera, no inmiscuirnos en ella, porque si no, cambiaríamos el papel de decidir ser engañado (que entonces nunca lo estaremos totalmente), a estar engañado y mentido y llevado. Lo segundo sería que vivimos de la mentira, pero colectivamente, individualmente no. De individuo a individuo existen esas pequeñas mentiras que he dicho antes, pero no existe la gran mentira e hipocresía. Asi que, consciente de que es un sueño imposible, quizá la sincera política sea la del individuo, la ética, exenta de mentiras.

Esa ética nos podría decir que es una crueldad traer a alguien a este mundo ajeno y extraño por error, que venga sin deseo que pese sobre él, traerlo para lastrar otras vidas. Al menos a mi, mi ética me dice eso.

En definitiva, esas mentiras insulsas son eso, insulsas. Que existe un autoengaño colectivo mayor, que es el que debemos conocer, y costosamente mantener, porque por el motivo que sea, para bien o para mal, vivimos todos juntos y en sociedad, y somos víctimas de ella, para eso no hay remedio, pero no seamos también víctimas de la mentira con mayúsculas.
Buen título; "La costumbre de mentir".

Un saludo.

Anónimo dijo...

lA MENTIRA ES LO QUE PRIMA EN ESTA SOCIEDAD. ESTOY DE ACUERDO CON ALEJANDRO EN QUE SE VIVE DE LA MENTIRA, y lo malo es que ya no sabemos diferenciar el teatro de la realidad.
Muy bueno el artículo.

 
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