BIENVENIDOS A ESTE RINCÓN POÉTICO

"Porque se tiene conciencia de la inutilidad de tantas cosas a veces uno se sienta tranquilamente a la sombra de un árbol- en verano- y se calla". A. González.



En esa tranquilidad os invito a acompañarme en este paseo literario que todos juntos vamos creando.







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martes, 24 de mayo de 2011

El Tapiz del Hormiguero. Daniel Herrán



Me soñé una vez hormiga,
perseguida en la colonia
por dudar al que domina
y al vasallo que le apoya.
Me desperté, derrumbado
de soñar la realidad,
y la vi, con mi ojo amargo,
a los soñado tan igual...

sábado, 21 de mayo de 2011

RELATO COMPLETO DE BACHILLERATO: CONTINUACIÓN DE UN RELATO DE FELIPE BENÍTEZ REYES

UN MUNDO DE LOCOS

AUTORES:
FELIPE BENÍTEZ REYES.
ALEJANDRO FORONDA CRESPO.( 2º bach ccss)
DANIEL HERRÁN MONGE.( 1º bach ccss)

ENCUENTRO LITERARIO IES LAS SALINAS SESEÑA. 18 MAYO 2011

Aquella noche, Javier Ruiz se despertó en medio de una pesadilla en la que se vio obligado a enfrentarse a un dragón y a un hombre sin cabeza. Siguió durmiendo, aliviado. Pero, por la mañana, al despertarse, se asomó a la ventana y vio en el parque a un dragón echado en el césped y a un hombre sin cabeza sentado en un banco de madera. "Estábamos esperándote", le dijo el hombre sin cabeza". Y Javier Ruiz comprendió que, a partir de ese momento, tendría que revisar muy seriamente su concepto de realidad.

Javier sabe lo que tiene que hacer. En el vano del segundo piso hay una ventana desde la que se ve el exterior, pero desde fuera no se puede ver el interior. Javier se coloca detrás de esa ventana y vuelva a mirar. Apenas han pasado cinco minutos desde que le habló por la ventana de su casa y el hombre sin cabeza ya no está. En el patio delantero del edificio, en el césped verde seco, se desparrama un dragón rojo, tan grande que empuja los otros edificios. Tiene cara de angustia porque no cabe entre los apartamentos.

Un piso abajo, el primero, una señora sale de su edificio. Arrastra un carro de compras sin ruedas, tiene un monedero entre el brazo y el cuerpo, unas gafas negras y opacas en los ojos. Baja hasta el portal y al abrirlo un educado lagarto rojo pregunta torpe y despacio, como si desconociera el idioma; "Buenos días señora", "Señorita, por favor" responde. Las señoras no se sorprenden por dragones. "Señorita" sonríe "¿ha visto usted bajar a un caballero?" se detiene y finge pensar "Es alto y moreno, de unos treinta años, parece que tiene más..." La señora lo interrumpe; "Sí, sí se quien es, pero no lo he visto bajar" Esperaba que el dragón continuara hablando pero no dijo nada. Ella continuó "Bueno, yo tengo muchas cosas que hacer" no eran tantas en realidad, casi ninguna "Perdone que la haya molestado" dijo educadísimo el dragón, casi con miedo "Que pase un buen día" "Usted también" y se fue limpiando la acera con el carro.

Javier seguía mirando desde la ventana, tenía miedo de bajar. Vio que el dragón se apartaba a la derecha, arroyó una farola y el banco donde antes estaba el hombre. Este hombre, que seguía sin cabeza apareció por el hueco que el dragón había dejado. Resuelto y seguro. Parecía que no había perdido nunca a las cartas, tenía un periódico bajo el brazo.

No oía Javier desde el piso pero el hombre dijo; "¿Va a salir? No tenemos todo el día" Al dragón no le caía bien el hombre, pero quedaba tapado por su educación "Dijiste que no lo volverías a hacer" dijo mirando el periódico, continuó; "Eso que haces no es lo bueno, prometiste que no volvería a ocurrir, no eres un hombre de palabra" parecía un niño sollozando. El hombre sin cabeza hizo como que no había oído, ni le importaba, ni le interesaba lo que pudiese decir el dragón, aún así respondió "Soy hombre de muchas palabras y algunas se contradicen" concluyendo. "No está bien" dijo juzgando pero permitiendo.

El hombre parecía una mezcla entre ejecutivo y comerciante, serio, cortado a regla, pero también tenía algo de carnavalesco, lúgubre, desalentador, como un gato huesudo.

El dragón, por su parte, tenía una pajarita, mal puesta y tímida, parecía el niño que quiere estar guapo para su primera cita, o como el moribundo para la última. Era indiscriminadamente grande, y se podría decir que rollizo. Parecía fuera de lugar en todo momento, ya no por el tamaño sino por su actitud, por su color, por la pajarita.

La relación entre el hombre y el animal era observada por Javier, bien parecía su mascota. Le recordó a un libro que leyó cuando era niño. Un señor mayor se casaba con una adolescente, no para disfrutar de su juventud, sino para que ésta le trajese una revista todos los días, así la joven iba todos los días religiosamente a por la revista. El nuevo matrimonio vivía quieto en una casa en lo alto de una colina, y la niña bajaba una cuesta terrible para cumplir el deseo imperial del viejo. Cuando cumplió los veinte años quiso escapar pero se partió una pierna en la huida, no la encontraron hasta un día después, había nevado y quedó a punto de morir. Al día siguiente el viejo tuvo que ir a por la revista, (la joven estaba en cama) al volver, en la puerta de su casa, le dio un infarto fulminante y bajó rodando toda la colina. La joven vio todo desde una ventana de la casa, y se cayó al suelo de la felicidad, con una sonrisa inmensa.

Javier se dijo; "Tengo que bajar, me están esperando, me han dicho que lo estaban, no parecen peligrosos" Lo eran.
Llegó al portal, pasó por los buzones, tenía una carta pero pasó de largo. Abrió el portal.

El hombre avanzó con parsimonia hasta plantarse a unos pasos del dragón y el descabezado. Su mirada oteó en sus visitantes todo detalle que hubiese podido perderse en la lejanía. Miró la colosal forma del lagarto rojo y el poderío reposado de sus miembros. Vio en él unos titánicos, draconianos, bonachones y condescendientes ojos que lo observaban serenamente. Después, advirtió en el otro convidado el traje de extraordinaria calidad y extremado cuidado que vestía. Asimismo, tuvo consciencia del periódico que colgaba en sus níveas manos, abierto por la sección de economía. Y sintió, sin poder ver, el frío, duro y ausente mirar que ostentaba en gala el hombre acéfalo, haciendo presa sobre su persona.
Javier carraspeó al poco de llegar hasta sus visitantes y les saludó:
— Hola, muy buenas, ¿qué es lo que desean de mí?
— Muy buenos días tenga usted, señor —anunció el descabezado—. Mi nombre es Raimundo Hortelano, y ella es mi compañera María del Pilar Arandelas —añadió, refiriéndose al dragón—. Aunque, siendo puntillosos, sería correcto decir “ex-compañera”.
— Bien, ¿qué es lo que quieren?
— Bueno, verá —dijo el hombre sin cabeza, bajando el tono de su voz—. Lo que queremos es algo peliagudo de lo que deberemos hablar larga, tendidamente y con calma. Así que, si usted hiciese el favor...
La frase se quedó en suspenso del aire, y su emisor sin aparente intención de cerrarla.
— ¿De qué? —inquirió Javier.
— Apunte mentalmente —respondió, raudo, el descabezado—: Un café solo para mí, con algunas pastas, si tiene, o con galletas, si no. Para María prepare un descafeinado de máquina en un cubo, y suele tomar bollos para acompañarlo —El aludido se quedó con el rostro inquisitivo y algo indignado, pero no tuvo tiempo de protestar antes de que el hombre sin cabeza mandase, con voz autoritaria—: ¡Vamos, muévase! ¡Y traiga una mesita y dos sillas!
Javier caminó presto hasta su casa y volvió con la mesa y los asientos (a duras penas), y luego entró de nuevo a por los refrigerios, que enseguida estuvieron sobre la tabla.
A los pocos minutos estaban los tres almorzando alrededor de ésta. El anfitrión más observaba que alternaba, y en verdad poca cosa podía hacer ante aquella situación extraña y novedosa. El tipo sin cabeza devoraba a velocidad de vértigo, haciendo desaparecer el café y las galletas a través del vacío de su rostro. La dragona bebía a pequeños sorbitos, aferrando el cubo como una taza, con gran decoro y delicadeza, y los mordisquitos que profería a sus panes de leche eran dignos del señorío de una dama.
Tardaron un rato más en terminar, más por la serenidad de María que por la voracidad del descabezado Raimundo.
— Bueno, creo que podemos comenzar a despachar el asunto, ahora que se ha habituado un poco a nuestra presencia y tiene el estómago lleno... Ah, no —dijo el hombre del vacío por cabeza—. Es igual. Verá, señor Ruíz. Voy a ser bastante breve y conciso. Somos del Ministerio de Hacienda.
— ¿Y por qué me buscan? Yo tengo todo al orden del día, y no debo dinero a nadie.
— Bueno, quizá usted no. Pero su padre sí.
Javier miró al descabezado con una mirada que empezaba a encenderse.
— ¿Mi padre? ¿Y qué pinta aquí mi padre?
— Pues deudas, señor Ruíz. Deudas pintó su padre —La dragona miraba a Javier con compasión e impotencia, mientras que el inmundo Raimundo lo flagelaba con el habla lisonjera y pedante de las gentes sin escrúpulos (características de las voces relevantes en política y ámbito comercial) —. Ninguna ligera, no fueron pocas, y ninguna barata.
— Muy bien, ¿y qué pinto yo en la deuda de mi padre? —Javier empezaba a levantar y endurecer su tono. La sangre, que tan calmada había estado en la creencia del sueño y luego, en el desvelo de la misma, tornaba ahora a acelerarse y arder.
— Pues pinta ser su único heredero y sobre el que recae el débito.
— ¿Cómo es eso? Además de no tener que ver yo nada con esas deudas, no existen. ¡Mi padre nunca tuvo deudas!
— Sería cuando era su padre. Lo que usted no sabe, señor Ruíz, es de la doble identidad, doble vida y doble familia que tenía su padre —aclaró el inspector sin cabeza.
— ¡Eso es absurdo! ¡Es una mentira!
— ¡Oh, no, señor Ruíz! Se descubrió tarde, porque él ya había muerto, pero se descubrió.
— ¡No puede ser! ¡Usted miente! —exclamó Javier.
— ¡No se sulfure, señor!
— ¿Que no me sulfure? ¡Viene a calumniarme y hasta se contradice! ¿Cómo seré el único heredero sobre el que recae la deuda si tenía mi padre dos familias?
— Por tres razones muy sencillas: Dije familia, no matrimonio; los otros hijos no están reconocidos; y son pobres —esclareció Raimundo.
— ¡No puedo creerlo! — estalló el hombre— ¡Esto es un atraco! ¡En qué cabeza cabe! ¡Dios!
— ¡No se altere, señor Ruíz, que puede hacerle mal!
— ¡Hacerme mal, dice! — gritó Javier—. ¿Cómo de grande es, acaso, la deuda que me echan a espaldas? ¿Podré pagarla, si quiera?
— ¡Oh, no! No podrá, por eso estamos aquí. Venimos a embargarle.
— ¡No puede ser! ¡Eso no pueden hacerlo! —bramó el pobre hombre, desbordado por la rabia y el pánico.
— ¡Oh, claro que podemos, mi muy señor mío! Somos Hacienda —replicó el infame inspector.
La mente del desvalido Javier, como bien puede imaginarse, era un completo amasijo de ira, frustración, terror y confusión. Un complejo mar de preguntas de todo tipo; sin sentido, alocadas, crueles, veraces y estúpidas, ligeras e inútiles... ¿Por qué lleva una dragona pajarita? ¿Cómo habla un hombre sin cabeza? ¿Por qué a mí? ¿Cómo me puede pasar esto? ¿No será que estoy loco? ¿Desde cuándo Hacienda tiene dragonas lloronas y tipos sin cabeza por lacayos? ¿En serio que no es esto un sueño?
Pero, de entre ese océano naciente, revuelto, picado, ingente y profundo, una sola cuestión se abrió a empellones por su boca:
— ¿¡Pero, qué mundo de locos es éste?!
— Pues el único mundo que hay —contestó, indiferente, el descabezado—. Mire qué sencillez: dese la vuelta y verá que su piso ya ha desaparecido.


miércoles, 18 de mayo de 2011

RELATO COMPLETO DE SECUNDARIA : CONTINUACIÓN DEL RELATO DE FELIPE BENÍTEZ REYES




EL MUNDO DE LOS SUEÑOS
AUTORES:
FELIPE BENÍTEZ REYES
PATRICE CRINGUREANU (2º ESO A)
CLAUDIA REYES CALDERÓN ( 1º ESO B)

ENCUENTRO LITERARIO IES LAS SALINAS SESEÑA. 18 MAYO 2011

Aquella noche, Javier Ruiz se despertó en medio de una pesadilla en la que se vio obligado a enfrentarse a un dragón y a un hombre sin cabeza. Siguió durmiendo, aliviado. Pero, por la mañana, al despertarse, se asomó a la ventana y vio en el parque a un dragón echado en el césped y a un hombre sin cabeza sentado en un banco de madera. "Estábamos esperándote", le dijo el hombre sin cabeza". Y Javier Ruiz comprendió que, a partir de ese momento, tendría que revisar muy seriamente su concepto de realidad.

Se golpeó varias veces la cara para estar seguro de que no era otra pesadilla. La respuesta fue un no, por lo que en su cara se dibujó una mueca de disgusto. Se preguntó por dónde hablaría el hombre aquel sin cabeza y cómo es que nadie se daba cuenta de la presencia de aquellos dos seres. La voz del hombre volvió a hablar. “Tienes que venir con nosotros, eres el elegido”. Javier estaba seguro de algo. El hombre le hablaba en su cabeza, en su mente. Sólo él podía oírlo. Se preguntó en voz alta:
- ¿Elegido para qué?
A lo que la voz volvió a oírse en su cabeza. “Te lo explicaremos por el camino, tienes que venir”. No lo dudó ni un minuto. Se puso rápidamente los vaqueros de la noche anterior y una camiseta azul recién lavada. A Javier siempre le había gustado el olor de la ropa recién lavada, y más con el suavizante que le echaba su madre.
Él sabía completamente que si su madre le veía irse por la puerta y no volver, le iba a echar una bronca. Como si el dragón le leyera el pensamiento se acercó a su ventana y levantó su cabeza. Javier se deslizó por su largo cuello y después se cayó al suelo. Se incorporó de un salto y se quedó mirando fijamente a aquel ser fantástico.
Las escamas eran doradas, y era como si brillaban. Tenía los ojos verdes y era enorme. Javier jamás había creído en los dragones. Le apasionaban los dragones y de pequeño siempre soñaba con tocar uno, pero fue creciendo y esa idea se iba desvaneciendo lentamente. Tocó al dragón dorado. Éste movió un poco la enorme cola y después el hombre sin cabeza se les acercó.
“Mi nombre es Haziel y ella es Sairys”. Javier miró a su alrededor, ¿a qué “ELLA” se estaba refiriendo? Haziel volvió a hablar. “Debemos partir cuanto antes, la ciudad de los Sueños está muy lejos de aquí”. Dicho eso, Haziel se subió encima del dragón y después le dio la mano a Javier para que subiera. Cuando sus manos estuvieron en contacto, el chico podía decir que estaba a una temperatura superior a 40 grados. Aquel hombre parecía una chimenea. A Javier le daba un poco de asco mirarlo, ya que no sabía dónde mirar. Sólo tenía cuello y por encima piel… era asquerosa.
El dragón batió levemente sus enormes alas y al cabo de segundos estaban en el aire.
Javier miró abajó, y eso le provocó un poco de mareo. La cara se le iba poniendo verde… hasta que por fin vomitó. Acto seguido, se disculpó por lo ocurrido a toda aquella gente que lo había recibido.
Estaban más o menos a la altura suficiente para ver los países. ¿A dónde lo llevarían?-se preguntaba Javier a cada instante.
Haziel sin ningún esfuerzo se dio la vuelta, a Javier se le hizo un nudo en el estómago y se sentía raro… algo le decía que ese hombre lo estaba mirando, pero no sabía por dónde.
“No te preocupes llegaremos antes de que te des cuenta, lo mejor sería que te duermas”.
Él también pensaba en dormirse, ya que aquel viaje iba para rato, pero al pensar en dónde se encontraba le daba miedo cerrar los ojos. ¿Y si me caigo?-esa era la pregunta que se hacía cada vez que se le cerraban los ojos. La voz de Haziel le volvió a hablar en la cabeza y le dijo algo como que no se preocupara, era imposible que se cayera. Javier pensó que si lo habían traído hasta ahí, no lo iban a dejar morir de esa forma. Cerró los ojos e intentó imaginarse qué estaría haciendo él ahora mismo si no se hubiera encontrado y soñado con aquellos dos seres fantásticos, pero después la voz de su madre gritaba en su cabeza…
La luz de la luna y el ruido de la respiración del dragón hicieron despertar a Javier. Todavía estaba encima del dragón, pero esta vez en tierra. Haziel había desaparecido.
Se incorporó frotándose un poco los ojos.
- ¿Dónde estamos?-le preguntó al dragón. Sabía que no iba a recibir una respuesta, pero al menos lo había intentado.
Miró a su alrededor y todo el cielo era de un color púrpura tirando a rosa. Ellos se encontraban en un parque, con flores que brillaban en la oscuridad, al igual que la luna en aquella tranquila noche. Bueno tranquila hasta entonces.
Tres hombres sin cabeza, vestidos con ropa de campesinos y con antorchas en las manos se estaban acercando hacia ellos.
- Es él-oyó decir a uno de ellos- es Javier Ruiz.
Los tres hombres aceleraron el paso y ahora iban corriendo hasta Javier.
Se subió encima del dragón y lo golpeó varias veces en la espalda para que volara, pero no se movía.
- ¡Vamos!, nos van a matar.-le dijo Javier al dragón.
Los hombres estaban a unos cuantos pasos de ellos. Sacaron unos palos terminados en punta y los apuntaron a los dos.

Javier se quedó patidifuso al ver que los caballeros sin cabeza se acercaban cada vez más hacia ellos, tiraba fuertemente de las escamas del dragón, pero éste ni se inmutaba, estaban congelados en el sitio. Javier estaba cada vez más angustiado y pensó que estarían condenados, que ese sería su fin.
Ya en un último esfuerzo tiró una última vez de las escamas del dragón para comprobar que aún quedaba una esperanza, pero se quedó con las ganas, los caballeros ya estaban allí.
Javier se desmayó y cayó de sopetón a los pies del dragón, aún con los ojos abiertos pudo observar en un último esfuerzo que el dragón sonrió levemente y le brillaban los ojos.
Cuando Javier se despertó pudo ver que estaba en una especie de jaula elevada aproximadamente a 1,5 metros del suelo, más o menos a la altura del trono que se hallaba a su derecha. De repente unas antorchas que se encontraban a ambos lados del trono se iluminaron. Javier se quedó asombrado al ver que en el otro extremo del trono se encontraba una chica más o menos de su misma edad, con un precioso pelo castaño bastante largo, a la altura de la cintura, con unos ojos azules que brillaban como lapislázulis y su cara estaba adornada con unas pecas en los mofletes. Parecía ausente, pensativa, no era consciente de la situación en la que ambos se encontraban. Pasaron algunas horas y por fin Javier se decidió a hablarla.
-Hola, mi nombre es Javier ¿Cuál es tu nombre?
La muchacha no respondió. Javier siguió intentándolo hasta que por fin sus ojos azules lo miraron fijamente.
-Mi nombre es Yasmín. ¿Sabes por qué estamos aquí?-respondió ella.
-No lo sé, siento no poder serte de gran ayuda ¿lo sabes tú?-dijo Javier intrigado por aquella pregunta.
-Yo sí lo sé, pero no me gusta el motivo. No me gustaría recordarlo, además creo que no te gustaría.- dijo ella con bastante tristeza en sus ojos y en su hablar.
Javier se quedó pensativo al recibir aquella respuesta tan intrigante e insistió en que le contara el motivo. Yasmín se negó en un principio pero al final acabó cediendo.
-Antes de que tú y yo naciéramos una gran fuerza sobrehumana se abalanzó sobre este reino destruyéndolo todo a su paso y matando a todo aquel que se interpusiera en su camino. Los reyes de este mundo pensaron que lo mejor sería encarcelar a ese siniestro ser en lo más profundo de la cueva en la que tú y yo nos encontramos ahora mismo.
Pero el rey estaba compinchado con aquel ser, así que se le ocurrió una idea: crearía dos llaves que servirían para liberarle en el caso de que lograran encerrarle. Justo cien años después de que lo encerraran nacerían dos niños en los que en su interior albergaría el poder necesario para liberarlo y que así pudiera seguir reuniendo los cristales para dominar este mundo.
-¿Y qué tenemos nosotros que ver con eso?-interrumpió Javier
-Nosotros somos las dos llaves, necesitan nuestra energía. Dicho de otro modo, necesitan nuestra sangre que será derramada en la tumba de aquel ser.
Javier se quedó callado, incluso Yasmín pudo ver una pequeña lágrima corriéndole por la mejilla. A Yasmín tampoco le gustaba recordarlo, saber que ese era su destino la entristecía enormemente. El silencio se apoderó de aquella enorme sala, hasta que unos pasos se oyeron al fondo del pasillo. Era el hombre sin cabeza que le había traído a este mundo. Cuando llegó al trono se sentó, los miró y no pudo evitar soltar una carcajada de victoria.
-Sácanos de aquí.- le exigió Javier.
-Tu destino es éste, no se puede cambiar. -dijo el hombre sin cabeza riéndose tan fuertemente que Yasmín y Javier se taparon los oídos para no escucharle.
-Haziel, sácanos de aquí te lo exijo- dijo Yasmín con un tono más grave que de costumbre.
-Ja, ja, crees que os dije mi verdadero nombre. Qué incrédulos.- dijo el hombre sin cabeza.
Los dos niños se quedaron patidifusos, habían perdido toda esperanza.
-Bueno, empezaremos a medianoche con la resurrección del Servidor- dijo el hombre sin cabeza. Dejando a Javier asombrado, pensó que hizo bien en acompañarle pero no fue así por lo que se acordó de lo que le decía siempre su madre:-¡Nunca te vayas con desconocidos!.- decía y repetía en voz baja una y otra vez, también pensaba en él, que nunca volvería a ver a sus compañeros y que a la chica de sus sueños nunca la diría “te quiero”. Eso le entristeció así que cuando el hombre sin cabeza desapareció por la puerta, empezó a romper aquellos barrotes que se interponían entre él y la libertad.
Al cabo de horas consiguió romper una barra lo suficiente como para lograr salir. Javier pensó en salir corriendo de aquel espantoso lugar pero al ver a Yasmín allí encerrada intentó liberarla a ella también. La jaula de Yasmín pareció más fácil de romper y eso extrañó bastante a Javier, pensó en dejarla atrás pero su mirada le convenció de que ella de fiar.
Pasaron por grandes pasillos llenos de antorchas y de pequeños azulejos que formaban un mosaico en el que aparecía la destrucción del mundo de los Sueños a manos del Servidor. Tras atravesar numerosos pasillos con la misma historia en cada uno de ellos llegaron a una encrucijada con dos pasillos. Javier y Yasmín se quedaron anclados, no sabían cual elegir, y si esa decisión iba a repercutir en su destino.
-Ve tú por el de la derecha y yo tomaré el de la izquierda.- dijo Yasmín esperando que Javier se decidiera y eligiera el camino que le había dicho ella.
De repente se oyeron unos pasos por el pasillo de la izquierda y Javier salió corriendo sin pensar en Yasmín y sólo en salir de aquel terrible lugar.
Entró en una gran sala con un montón de antorchas y en el centro una gran lápida con un bajo relieve y una pequeña navaja encajada en un extremo de la misma.
De repente las antorchas se apagaron y la sala se quedó a oscuras. Cuando volvió la luz Javier se vio atado de manos y con la navaja al cuello. Se quedó congelado, cuando de repente vio que entre las sombras emergía una figura que le resultaba un tanto familiar, era Yasmín, le había traicionado.
Javier se quedó sorprendido, aquella mirada inocente le convenció que era como él, que ella le entendía.
-No entiendes que también derramarán tu sangre, te han engañado- intentó hacer entender a Yasmín para que lo salvara.
-Yo no soy como tú. A ellos no les interesa mi sangre, sólo he hecho que llegaras aquí sin quejas y sin pataletas. La otra llave es alguien que conoces, aquella persona a la que tú amas y darías todo por salvarla. – aclaró Yasmín.
Aquello no le dio muy buena espina a Javier y se temió lo peor, por desgracia sus sospechas eran ciertas, la chica a la que él amaba era la otra llave. Dos hombres sin cabeza aparecían por detrás de la lápida llevando de los brazos a una chica de estatura media, una melena rubia y lisa a la altura de los hombros hacía que sus ojos verdes brillaran con mucha intensidad. Javier cerró los ojos, no quería ver a la chica de sus sueños sufrir de esa forma, tenía la cara llena de lágrimas con un enorme arañazo en ella, probablemente se resistió a venir, le golpearon con algo y le dejó aquella marca en su cara. Javier por fin abrió los ojos, ya había perdido las esperanzas ya sabía que no saldría de esta, así que se armó de valor y le confesó sus sentimientos en unas preciosas palabras que hicieron soltar una pequeña lágrima a todos los presentes en aquella sala:
Desde el primer momento en el que te vi
nunca dejé de pensar en ti.
Tú me inspiras para levantarme cada mañana
y continuar con mi vida sin temor a nada.
Eres la fuerza que me abre el camino
para poder cumplir con mi destino.
Cuando no te veo en un día
una sombra se apodera de mi vida.
Sólo lo puedo remediar pudiéndote ver
una vez más.
Por eso ahora te digo una vez y otra más
un te quiero a tu mirar.
Aquella chica sintió una fuerte tormenta de sentimientos, sintió alegría porque ella también le quería, sintió tristeza porque aunque en ese momento estaba feliz sabía que iba a morir, sintió rabia porque quería librarse de las manos de sus enemigos y fundirse en un abrazo con Javier.
Al cabo de unos minutos comenzaron de nuevo con la Resurrección del Servidor.
Unas palabras sonaron por toda la sala, parecían una especie de conjuro. Javier sólo pudo escuchar atentamente las palabras que acabarían con él:
“Resplandor de luz que nos iluminas da el poder a la navaja para poder atravesar la piel de las llaves que resucitaran al Servidor y podrá cumplirse el destino que aguarda a este mundo, el mundo de los Sueños cambiará y el mal se apoderará de este lugar”.
Mientras dos caballeros sin cabeza sujetaban a Javier un tercero le sujetaba la navaja mientras ésta se cargaba del poder de una luz morada.
-Será el color del mal- pensó Javier mientras observaba atentamente la navaja sin hacer movimientos bruscos para no cortarse el cuello él mismo.
Cerró los ojos con firmeza y toda su vida pasó por su cabeza:
Javier sintió que la fría cuchilla de la navaja estaba cada vez más cerca de su cuello y supo que ese era su fin. La luz cegadora de la navaja cerró los ojos de todos los presentes de la sala y por desgracia para Javier la cuchilla le rajó el cuello derramando su sangre y rellenando el bajo relieve de la lápida.
Una lágrima se desprendió de los ojos de Yasmín, parecía que ella también estaba sufriendo por su situación, así que gritó fuertemente asustando a los hombres sin cabeza de tal forma que soltaran la navaja y dejaron caer el cuerpo inerte de Javier al suelo. Los hombres sin cabeza que sujetaban a la otra chica la soltaron también. El cuerpo de Javier estaba inmóvil, sus ojos marrones se clavaban en la mirada de las chicas, Yasmín en señal de respeto por él le cerró los ojos con mucha delicadeza dejando unos milímetros entre sus párpados.
Las dos chicas lloraron por él, su pérdida fue grave.
De repente, la imagen que aún podían captar los ojos medio cerrados de Javier se fue difuminando poco a poco, cuando la figura volvió a ser clara:Javier se encontraba en su cuarto aún en pijama. Miró el reloj de su mesilla, las manecillas marcaban las tres de la mañana. Javier pensó que eso fue una pesadilla o tal vez estaba muerto y lo que estaba viendo ahora sería el sueño más bonito que había visto. Después de morir decapitado y haber sido condenado al mundo de los Sueños, pensar que podría haber una mínima posibilidad de que aquella rara experiencia no hubiera ocurrido nunca y de que aún estaba vivo le gratificaba pero él sabía que lo que estaba viviendo ahora podría ser perfectamente un fruto de su mente. . .




FELICIDADES CHICAS POR VUESTRO RELATO!

lunes, 2 de mayo de 2011

Letras esclavas y malogradas. Daniel Herrán Monge




Fuerzo y fuerzo las letras
a la fuerza,
con un látigo forzado
y esclavista,
esforzando y dando un fruto
de trabajo malogrado,
en pos de unos versos perfectos.

Cuánto acento fustigado
he torturado, inclemente,
en busca de un poema
que ostente la perfección
como ninguno hizo.

Y no fue, y no han sido,
más que pullas sangrantes,
idioteces banales,
sombras del horror,
el resultado de mis latigazos.

Y quiero, yo quiero.
¡Cómo quiero, yo quisiera!
El escrito más brillante.
La idea de las ideas
que toda idea abarque.
La perfección más pura,
la fruta más pulcra y dulce.

Pero, ¡qué iluso, qué idiota!
Nada es por la fuerza bueno.
Si he de dar algún día
un poema cercano a la Poesía,
si acaso viniese,
habrá de ser escrito
cuando venga.

Daniel Herrán Monge. 1º Bach CCSS

martes, 15 de febrero de 2011

Los pocos que dejaron de ser niños. DAniel Herrán Monge. 1º Bach CCSS



En el vacío indiferente
las corrientes de pensamientos
me arrastran al recuerdo.

Y recuerdo cuando no
levantaba un palmo del suelo,
y después, cuando no alzaba
sino un poco más.

Recuerdo que nada estaba mal
sino lo que decía mi madre.
Y después, esto y lo
que decían los demás niños,
y los profesores.

Recuerdo que era lo bueno
lo que hacían todos,
y malo o raro lo que
hacían los solos y los pocos.

Recuerdo que a veces eras mejor
si hacías lo bueno de
mejor manera que los demás;
y eras burla si lo
hacías mal, o no podías,
o tenías reticencia a hacer
lo bueno de los todos.

Recuerdo que siempre había
uno, o quizá unos pocos, que
eran los mejores en casi todo,
y que lo que hacían ellos
era luego lo bueno de todos.

Recuerdo, en mi clase infantil,
que por ellos pocos trabábamos
combate con la clase vecina,
porque a ellos les gustaba y,
por tanto, a nosotros también.

Recuerdo, del mismo modo,
en mi pueblo, parejo al campo,
el grupo de muchachos en
el que marchaba, las cabañas
primitivas y toscas que montábamos.

Recuerdo la destrucción de las
cabañas de otros grupos, al
enterarnos de su existencia y
arengarnos el o los pocos a ello.

Recuerdo los restos destrozados
de nuestra propia cabaña al devolver
ellos la misma moneda.

Recuerdo la frustración
y la fugacidad e inutilidad
de esas empresas, y el seguimiento
ciego, como sabueso faldero al amo.

Recuerdo recuerdos. Recuerdo
y comparo a los infantes
con los adultos ya versados y
los adultos que serán los pequeños.

Recuerdo y veo los mismos
muchachos, los mismos seguidores,
los mismos hombres enfrentados.

Recuerdo y veo, impotente y rabioso,
seguidores y seguidos.
Recuerdo y temo ser yo perro
o dueño, inconsciente de serlo.
Recuerdo y veo, o no veo, a
los pocos que dejaron de ser niños.
Daniel Herrán

jueves, 30 de diciembre de 2010

Romance de Serranías

Bien hallada, serranita,
en estas serranías verdes
de las que nace, como llanto,
el río más cantor y alegre.
Como llanto de la vida,
mi fermosa serranita,
corre la faz montañosa,
labrando los valles y rías.
Dadme la luz, serranita,
dadme luz de vuestra alma
con esos ojos tan verdes
y su interminable llama.
Que este penado serrano
el corazón tiene en pena
por, serrana, esos amores
que, cruel, tú ya no le dieras.
Que no seré yo guerrero,
ni rey, prior o principado.
Sólo soy, muy lleno de amor,
quien te quiere, tu serrano.
Decidme, mi serranita,
si me queréis por el prado,
descosido por el dolor,
muerto en tierra por el llanto.
Decidme si no queréisme,
ni a mí ni a los míos amores,
y daré con mi alma y cuerpo
despeñados por el monte.

DANIEL HERNÁN MONGE
1º BACH CCSS

martes, 9 de noviembre de 2010

El Régimen Dictatorial de la Ministra de Incultura. DANIEL MONGE. 1º BACH

Por todos es conocida, o debería serlo, la nueva ley que pretende dar un giro completo al trato de la cultura en nuestro país. No hablo de otra sino la Ley Sinde, que el Ministerio de Cultura fragua desde hace algún tiempo y que ha causado especial revuelo este año. En principio, la finalidad de esta ley es la de acabar con el “pirateo” y establecer a una cierta sociedad moderadora de la cultura como juez, jurado y verdugo para acabar con los “piratas informáticos”, atacar y cerrar servidores o páginas web que fomenten el intercambio de cultura, principalmente por medio de programas p2p. El motivo de esta ley, según pretenden sus hacedores, es el de impedir la pérdida que sufre el mercado cultural, principalmente musical y cinematográfico, por culpa de este intercambio cultural.
Dicho así, pintando a los que se niegan a pagar precios astronómicos por música, películas o software como ladrones o delincuentes, los buenos y rectos miembros de la SGAE y del Ministerio de Cultura se ven enaltecidos como héroes y redentores. Y algo así serían si esa Ley Sinde no fuese movida por el interés, la avaricia, el descaro y un velo sobre la verdad indignante. Y sólo eso si no tomamos en cuenta otras leyes ya vigentes con las que se contrapone. Incluso hay aspectos adversos a la Constitución.
Este encadenamiento de la cultura y la igualdad nace, cómo no, a raíz de la SGAE (Los cuatro gatos o perro flautas chupones de siempre, para los amigos), que, en los últimos años, bajo la dirección de Ramoncín y Teddy Bautista, hace subir el precio de los discos musicales y películas progresivamente hasta las nubes, fulminando el prestigio y buen nombre que hubiese cosechado la sociedad durante toda su historia. Y con los precios, lo que se elevaba como la espuma era su beneficio económico. Misteriosamente, los artistas poco conocidos afiliados a esta asociación no son ni representados ni defendidos por los que supuestamente son sus representantes, menos aún reportados de beneficios, y sí atacados por ellos. De las ganancias de la SGAE, sólo sacan provecho sus miembros y unos pocos iconos multitudinarios (Véase Bisbal, Chenoa, Hugo Silva, Mario Casas, Yon González y demás bazofia comercial), que defienden el modo de gestión y pretensiones de la Sociedad General de Autores y Editores. O lo que es lo mismo, sus bolsitas de billetes.
Bien, dejando poco explayado el punto del beneficio de unos pocos a costa de la mayoría en el campo del negocio cultural, pasemos a la pérdida de ojos de la Ministra de Cultura y su posterior sustitución por dos monedas de euro. Nuestra querida ministra, tan voluble y corruptible ella...
En este año 2010, sale a la luz el borrador de la Ley Sinde y sus notables vetos y hachazos a la cultura y a la libertad de expresión. Comenzando a criminalizar la copia privada, empieza ignorando y dando por nulo un derecho constitucional español. Sus intenciones de castigar las reproducciones parciales de libros, guiones, letras o poemas, ya sea en la Red o en papel, además de ser bastante absurdas, atenta contra los derechos inalienables, como el de libertad de expresión, y constitucionales, como el de cita o el de parodia. Su pretensión de imponer a la Sociedad General de Autores y Editores, no sólo es un monopolio que enriquecerá a los mismos de siempre y al Gobierno, sino que derriba la ley por la que, para cerrar una página web o un servidor informático, había que celebrar antes un juicio, con derecho y libertad de ambas partes afectadas para testificar y argumentar; en cambio, la brillante Sinde ha establecido el cierre de páginas web y servidores sin juicio previo. Yendo un poco más al tema de las penas legales por transgredir esta nueva ley, nos encontramos desde la limitación o el veto de recursos informáticos hasta el ingreso en prisión y multas de más o menos compensación al Ministerio de Incultura y su monopolio con la SGAE (generalmente, pagarás más que menos). Compensación por ejercer tus libertades y derechos.
La salida a la luz y posterior puesta en vigencia de esta ley ha tenido notable repercusión. Relativamente, ya que ha sido bastante tapado y la mayoría de la población ha sido desinformada respecto a lo relacionado por el tema. Se han hecho las cuatro pantomimas de siempre en los medios de comunicación y punto. Pero ya se sabe, panem et circenses.
No obstante, la resistencia y la guerra a la SGAE continúa y está a la orden del día. Por la vía legal, de mano de héroes como el abogado David Bravo y sus colaboradores, que atacan a la Ley Sinde en sus puntos flacos, incluso empleándola contra sí misma con la ayuda de los que combaten este cese de derechos y libertades. Y por la vía de la protesta, sobretodo informática, grupos como Anonymous han orquestado ataques Ddos multitudinarios para tirar los servidores de la Sociedad de Garrapatas de Artistas y Escritores o del Ministerio de Cultura. Tal como empresas, contratadas por SGAE y similares habían hecho contra usuarios de redes o contra servidores. Y es que dice el ladrón que todos son de su condición.

jueves, 24 de junio de 2010

SUBEN AL CIELO . GUILLERMO GÜEMES 2º ESO




Cuando se van ya luego nunca vuelven.
Cada día llueve en tu interior, hay una angustia que te puede.
Tienes ganas de irte con esa persona,
no te confíes, que la vida da vueltas inesperadas.
Sé que es duro perder a alguien cercano, pero ya no está.
Ya no está contigo y tienes que aceptarlo.
Después de haberlo compartido la vida es injusta.
Hay un tiempo limitado para cada alma que se ajusta
al conformismo de un pasado, un presente y un futuro.
Cada estrella es alguien que te observa desde un muro
creado de la nada de un todo.
Recuerdos hacen de tus libros una imagen viva y sólo
vivirá en tus recuerdos si así lo deseas.
Ríe, llora, grita todo lo que quieras,
es verdad, todo lo bueno poco dura.
Se van las almas al cielo, yo contigo también muero.
Vuelo hacia un lugar que soñé encontrar en todos mis sueños.
LLoro por algo que no volverá jamás, lo he asumido.
Recuerdos cada noche que no quieren ser olvido
y he vivido con gran parte de la culpa.
La lluvia cae sobre mis lágrimas, me siento bien cuando se juntan.

sábado, 12 de junio de 2010

UN DÍA MÁS. ADRIAN CERVERA 2º BACH TEC

Un día más...
Amanece un nuevo día, uno como otro cualquiera, una cálida mano acaricia mi cara, consigo distinguir una sonrisa en la cara de un bella chica, se acerca a mi oído sin dejar de ensimismare con su hipnótica sonrisa y me susurra, otro precioso día que despierto a tu lado cariño...
Se aparta, y me mira fijamente a los ojos, decido besarla a pesar de que ni siquiera la reconozco...
Suena el despertador, abro los ojos y me incorporo en la cama, otro día más que tengo el mismo sueño...
¿Tanto necesito que alguien llegue a quererme?
En fin... tampoco tengo tiempo para pararme a pensar en ello.
Es un día más, como otro cualquiera... Sale el sol, suena el despertador, mi familia se levanta y yo sigo sintiendo esa sensación de vacío dentro de mi pecho...
Nada cambia, me dispongo a darme mi ducha de por las mañanas, selecciono la ropa que llevaré hoy, y abro el grifo.
En lo que se va calentando el agua, me miro al espejo... ¿qué ocurre? sólo veo tristeza... intento esbozar una sonrisa, pero no lo consigo... ¿Cuál es mi problema?
El agua ya estaba caliente, intento no divagar más en mis pensamientos, o perdería de nuevo el autobús...
Pero es inútil, bajo el cálido y relajante chorro que mana del grifo, comienzo a evadirme en mi mente... De repente, esa chica de nuevo, con la que sueño cada noche... ¿Quién es?,
¿qué hace en mi cabeza?,
¿existe?... ¡Qué importa...¡ si existiera no me atrevería ni a dirigirle la palabra, una chica tan bella, tan cariñosa... y sobre todo que deseara levantarse conmigo cada mañana... (No es que me considere una persona fea, o inaguantable... es sólo que las únicas mujeres que se fijan en mí... sólo buscan un lio, no hay amor, no dan calor, no hay nada de afectuoso en ello... está vacío... casi tan vacío como mi corazón.)

Salgo de la ducha, me lavo los dientes y me dispongo a coger mis cosas y salir hacia la parada de mi autobús.

Mientras bajo las escaleras, me cruzo con mi madre, me da algo de dinero para almorzar, y me despido con un beso en la mejilla.

LLegué a tiempo, en la parada me topé con mi amiga, Paula. Siempre tan alegre y enérgica, ¿Cómo lo hará para estar todas las mañanas así de contenta...? llevo años intentando descubrirlo)

-(Xero)¡Buenos días¡
-(Paula) Holaaa! ¿qué tal ayer?, ¿te sirvieron mis apuntes?

El día anterior Paula me había dejado unos apuntes de informática, se le da genial (casi como todas las asignaturas) pero en ésta, es en la que más destaca. Yo sin embarg, soy bastante torpe con este mundillo...)

-(Xero) Sí, espero aprobar el examen del viernes.
ótienes que llamarme y en 10 min estaré en tu casa.

Se quedó mirándome con una sonrisa, lo cual me hizo divagar en mi mundo de nuevo...
Esa chica de mi sueño… ¡Dios ... era perfecta¡
De pronto me cambia la cara... pasa de una cara adormilada a una realmente triste.

-(Paula) ¿Qué te pasa Xero? tienes una cara que no me gusta nada, ¡Con lo guapo que estás cuando sonríes!

-(Xero) No es nada, es sólo... bueno olvídalo.

<<¿Qué me pasa?, que me he enamorado de una chica inexistente, y no me saco de la cabeza esa increíble sonrisa...
Es muy triste y deprimente el no tener a nadie de quien enamorarte, ninguna chica de mi clase, ni de por los alrededores despertaba nada en mí. Pero sin embargo, me enamoro de una chica que aparece en un sueño... tan real y tan ficticio...>>

-(Paula) Por favor Xero, sabes que a mí no puedes engañarme.¡ Nos conocemos de hace más de 4 años¡ Sé que me lo vas a contar en el autobús de camino a clase, así que, no te esfuerces en ocultarlo.

-(Xero) Tienes razón, así que no insistas, hasta que no venga el autobús no te diré nada, hehe.

Como siempre esta chica termina sacándome una sonrisa. No sé qué haría sin ella... y cómo no, ¡tenía razón¡ El autobús llegó casi al instante de terminar mi frase, y ella se me quedó de nuevo, mirándome a los ojos, sonriéndome.
Subimos al autobús, y le conté todo a Paula... el resto del día, Bueno... eso para otro día. Quizás...

domingo, 6 de junio de 2010

EL ROSTRO DEL ASESINO. DANIEL HERRAN 4º ESO

— Gracias— Dijo el hombre al pasar, mientras el guardia cerraba la puerta de la celda. Sus lujosas vestimentas contrastaban con aquel oscuro y apestoso antro. En las tétricas sombras un bulto mal iluminado se hallaba al fondo, pegado a la pared, al lado de un camastro. El preso estaba cubierto por un camisón sucio y raído, que alguna vez fue blanco. Un pelo y unas barbas morenas, revueltas y enmarañadas lucían la misma higiene que la lana que cubría su cuerpo. El desaliñado recluso no levantó siquiera la cabeza para ver a su visitante.
Los pasos del recién llegado resonaron en las paredes de fría piedra, al tiempo que se acercaba con precaución al encarcelado. Pese al temor de un ataque de éste, se imponía en su interior la prepotencia y superioridad que sentía hacia aquel hombre; superior en casta, mejor en logros y habilidades, más rico y poderoso... y más fuerte que un desnutrido deshecho humano. Dio un último tranco cuando se encontraba a poca distancia del preso, ahora más sumido en la oscuridad al alejarse de la antorcha que alumbraba el pasillo de afuera. Las rejas de la celda arrojaban una ondeante sombra hasta que caían en la penumbra y, más adelante, las engullían las tinieblas que inundaban la estancia.
— Buenos días, Sir Déndelar— Saludó con sorna el visitante. El aludido inclinó ligeramente hacia atrás la cabeza y le dirigió una mirada nublada a través de los mechones de su enmarañado cabello. Quizá como preguntándole si era de día; bajo tierra no se veía el Sol—. ¿Se siente a gusto siendo huésped de tan amables anfitriones?— Preguntó, con una cuestión cargada de su veracidad, con palabras rebosantes de ira y resquemor mal disimulados. El recluso lo observó directamente y luego agachó la cabeza, soltando un suspiro de impotencia. El llegado se vio visiblemente afectado al ser ignorado. Si hubiese iluminación mayor que un vano espectro de luz, se habría observado como temblaba su rostro de furia. Sus ojos se clavaban en el hombre que miraba el suelo a sus pies, joven y sometido a un envejecimiento acelerado por la falta de luz solar, ejercicio y buena alimentación. Tendría alrededor de su edad, pero él se veía bien apuesto y lustroso con ropas caras y modernas, y cuidados estéticos innovadores—. ¿Sabes? Tuviste una realmente buena suerte de acabar aquí, yo te habría procurado otro destino si de mis manos dependiese...
— Pero no dependió— Replicó Déndelar, sin levantar la vista—. Y yo no lo llamaría suerte, las leyes no se escribieron justo antes de mi llegada a juicio, noble Téhor.— El visitante lo miró más iracundo todavía, si es que era posible. Cerró los puños y apretó los dientes para poder controlar su rabia. Debía dominar su carácter, un error sería fatal, envidiaría al malnacido que se encontraba ante él.
— Las leyes de mi país son atajo de sandeces, ¡cualquiera evade la justicia!— Borbotó Téhor.
— Pues creo que recibí una justicia que a muchos y más inocentes que yo se les negó. No me importa pagar esta pena, aunque estamos de acuerdo en que sí se puede evadir la justicia— El recluso hablaba con calma, y sus palabras en buen tono dañaban al noble más profundamente que unos gritos carentes de sentido—. Pero sí es cierto que en mi nación me habrían recibido de una forma muy distinta.
— Sí, esos perros de Kanderna te habrían elogiado como un héroe por todas vuestras tierras. Bueno, no sé si decir vuestras es ya correcto...— Déndeler alzó la cabeza y le dirigió una sombría mirada, con ningún deseo caritativo ni de bien. El noble vislumbraría sus facciones o imaginaría su reacción y dibujó una satisfecha sonrisa en el rostro. Levantó una mano y se rascó la recortada barba—. Aún no comprendo cómo dejan a un vil asesino con vida, aunque sea en estas condiciones— Prosiguió Téhor—. La suerte la tuviste al escapar del lugar en el que mataste y ser encontrado días más tarde por el simple cuerpo de guardia de un pequeño pueblo. No eres más que una alimaña, un rufián con el alma pútrida.
Una ligera risa salió de la garganta del preso al oír las palabras de su visitante, inundadas de odio y rencor. Levantó las manos, que se vieron débiles y blanquecinas en la luz lejana que salvaba la penumbra, y se apartó el cabello de los ojos. Su rostro empezaba a demacrarse, se le hundían las mejillas y se le afilaban los pómulos y el mentón. Unas amoratadas ojeras circundaban en torno a unos negros ojos, y su tez era más pálida que sus manos. Miró fijamente a la figura en tinieblas que se levantaba ante él. Apenas vislumbraba un frío brillo de furia en los ojos de Téhor.
El otro observó las depresiones de la carne en la faz del Sir con negra alegría y oscuro júbilo. La vida pasaba lentamente en aquella oscuridad, mientras la soledad y la falta de luz desgastaban la carne y el espíritu. Pocos sobrevivían en aquel lugar, solían morir de pena y melancolía, otros se suicidaban. Pero los que moraban hasta el fin de sus días, por una muerte natural, eran los más desgraciados; atacados por el vacío del lugar, que les anegaba el interior y les mataba los corazones.
— Sí, es cierto que lo soy, ya somos dos con sangre de asesino en esta celda— El latigazo de la voz del recluso golpeó con fuerza al noble, y el mensaje que traía se le clavó en lo más hondo de su ser. Una sangre furibunda inundó su cuerpo e incendió su mente.
— ¡¿Qué dices, malnacido?!— Saltó Téhor—. ¡Puedo procurarte tal sufrimiento que me agradecerías tu muerte, y ni siquiera debería mancharme las manos! ¡Vuelve a insultar mi estirpe y desearás vivir en este antro por la Eternidad!
Una ligera sonrisa se dibujó en el desventurado rostro del preso.
— Apuesto a que ni siquiera te importaría mi existencia si no hubiera acabado con la vida del que fue— Los ataques de Déndeler se endurecían, hiriendo al visitante más que un millar de flechas. La sonrisa no se borraba de su rostro, y el noble cada vez estaba más furioso. Le temblaban los carrillos y se le tensaban los brazos.
— Maldito...— Susurró Téhor. El encarcelado continuó hablando, fustigando la furia de su visitante:
— Sí, yo maté a un hombre, a uno sólo... ¿Pero a cuántos mató él? ¿Cuántas mujeres? ¿Cuántos niños? ¡¿Cuántas personas sucumbieron ante él?!— La dureza de la verdad fortalecía las palabras del Sir recluso y salpicaban el alma del hombre que escuchaba. Éste estaba inmóvil, pero con el cuerpo tembloroso. Sus ojos tanto se hincaban en la faz de su rostro que parecían ausentes—. ¿Expansión de tierras? ¿Recuperar prestigio y honor invadiendo? ¿Paldath era superior a Kanderna y debía someterla? ¡Mentiras! ¡Patrañas! ¡¡Excusas!!— La voz de Déndeler se elevaba, retumbando en las paredes con la fuerza del trueno, mientras el noble escuchaba encogido ante la veracidad y el poder de lo que decía—. ¡¡Tu padre los mató a todos!! ¡Sus ejércitos, los del rey y los demás nobles asaltaron nuestras tierras! ¡Aniquilaron a nuestros soldados, mataron a hombres y niños, violaron a nuestras mujeres! ¡¡Actos atroces y bárbaros maquillados con falacias de honor y gloria!! ¡Tan sólo vinisteis a vertir un mar de sangre para arrebatarnos nuestras tierras y pertenencias, y someter a nuestro pueblo bajo vuestro yugo!— El preso calló un momento, jadeante, para dar más fortaleza a sus palabras con un leve silencio. Téhor empezaba a sudar copiosamente, sus sienes brillaban húmedas en la insuficiente luz—. ¡Y tu padre encabezo la invasión, mientras los demás miserables de la nobleza le prestaban a sus hombres y acomodaban su trasero en sus ostentosos castillos y palacios!
— Eso es...
— ¡Eso es cierto!— Le cortó el Déndeler—. ¡Tu habla vacilante y tu lengua mentirosa no hacen más que darle la razón a mis verdades!
El alto tono del preso, que reverberaba en las paredes no parecía oírse fuera de la celda. Ningún grito de él o del visitante habían alertado a los carceleros, así que el noble supuso que no los oirían donde estuviesen.
— Sí... tu padre hizo migajas mi país, y ahora sólo hay unos pocos rebeldes, dispersados por las tierras que nos pertenecían— Déndeler hablaba ahora en un tono normal, casi como contando un secreto—. Pero hizo algo nefasto. Sí, Olenon hizo algo nefasto para sí mismo:
» Al llegar el ejército invasor como una plaga de langostas, arrasando todo a su paso, a Sarlass, la capital, atacó personalmente a cada casa noble de la ciudad. En una de las familias de la nobleza menor, acabó con el padre, cabeza de la casa, su mujer, y uno de sus dos hijos. Su error fue dejarme vivo—. Déndeler se apoyó mejor en la pared de piedra, recostando la espalda y mirando a los ojos a Téhor. El noble apretaba la mandíbula y mostraba los dientes, que no se veían en la oscuridad. El encarcelado observó con tranquilidad como los músculos de éste temblaban, casi palpando su furia en el ambiente.
— Como te atreves...— Murmuró el visitante en un murmullo rugiente, luchando contra sí mismo por controlarse.
— Me imagino que la historia ya la conocías, y de hace mucho— Dijo el recluso, como si mantuviese un diálogo completamente normal—. Y sabías los verdaderos intereses de la guerra. Y las vilezas de tu padre y tus nobles, que a buen seguro compartís. Es algo insensato hacer un acto como invadir un país de una manera injusta, acabar con tantos inocentes y no esperar que los supervivientes buscarán venganza.
— ¡Como te atreves, maldito!— El noble comenzó a explotar, incapaz de sostenerse.— ¡Malnacido! ¡¡Era mi padre!!— Con un grito de odio, Téhor se abalanzó contra Déndaler. En apenas un instante cayó sobre él, y el hombre no pudo resistirse. El forcejeo del preso de nada valía, pues estaba débil y sin fuerzas. La ira brillaba en los ojos del visitante, y el rencor nadaba en su encendida sangre. La mirada tranquila, casi alentadora, esperanzada, del preso se encontró con la de su atacante, mientras las manos de éste encontraban su garganta y la oprimían con toda su fuerza.
Sobre el encarcelado, el noble se hallaba sentado en su vientre, mientras sus pulgares apretaban la nuez del huesudo cuello del hombre. Éste parecía no hacer acto de salvarse. Sus raquíticas manos parecían posarse en los fornidos antebrazos de Téhor. Las energías abandonaban al recluso, a la vez que el noble apretaba el mortal abrazo de sus manos. Sus pupilas iban perdiendo el brillo de la vida, mientras una mueca feroz lucía en el rostro de Téhor. Hasta que un último suspiro exhaló de los labios de Déndaler.
El visitante se levantó, mirándose las manos y la obra que había realizado. Caminó hacia atrás, chocando con la reja. “Qué he hecho...”, pensó, mirándose las palmas. Unos pasos a su espalda anunciaron la llegada del carcelero. ¡En Paldath el asesinato en superioridad de condiciones se castigaba con la muerte, fuese quien fuese el autor!
— ¿Aún está ahí tirado?— Preguntó al llegar el guardia, abriendo la puerta. Con un escueto “sí”, el noble Téhor pasó por su lado y caminó hacia la salida, con la antorcha del pasillo iluminando su sudoroso rostro.

domingo, 30 de mayo de 2010

SIN TÍTULO. ALEJANDRO FORONDA . 2º BACH C Y TEC

Hoy he bajado especialmente mal las escaleras de mi edificio, coceando y pisando con mis herraduras cada escalón, he estado a punto de tropezarme y caer rodando tristemente hasta el primer piso. Menos mal que al llegar al segundo piso, mis herraduras se han transformado en manos, mi crin en una calva cincuentona, mi cola negra espacio en una columna torcida y arraigada en el
trabajo.
Casi se me va hoy de las manos mis sensaciones, ha vuelto mi piel a envolverme, he tenido suerte.
Voy a tener que tirar ese libro, casi me desenvuelve y se me sale por los poros el olor a caballo de músculos tersos y fuego por fosas negras, he tenido suerte de poder enterrarlo antes de salir a la calle. Dejé de escuchar la música de las risas inmortales.
Por fin momificado, mis suelas de cuero me han tapado de los charcos de las aceras, ¡Que suerte!
A pesar de ser profesor siempre me he considerado un enterrador, un momificador, así he conseguido solucionar las lanzas que me autolanzaba, conseguí ganarme y apagarme, hasta llegar a considerar que mi inteligencia se basa en congelar las llamas de mi cabeza y derretirlas a lametazos.
Así, desde que era joven me he apagado, he conseguido superarme, para poder vivirme, no me he rendido a mis sensaciones, no me he rendido al amor, eso me dice felizmente mi esposa, esposa de esposas digo yo besándola.
He conseguido dejar de ser un humano y convertirme en una persona hecha y derecha, no he visto ni una sola mirada ajena y extranjera en la panadería, en los alumnos de mis clases, no he visto nunca una crítica en el resto de la sociedad que no soy yo. He conseguido matarme para poder vivirme. He sobrevivido a la brillantez caústica y marrón de piel de caballo que salía entre mis neuronas, suspiro tranquilo mientras hago pruebas normales para mis normales alumnos, en la linea,
apago al soplador de vidrio que dibujaba palabras verdaderas en mi cabeza. Ya estoy muerto, así que moriré y viviré tranquilo, con palabras huecas, yo, el perfecto metaxidermista.
-¡Corre si quieres, imbécil!
Mira cómo baja con esas ahora cerradas piernas tranquila la escalera, se cree que la necesito para algo, si tengo mi caballo, se cree que necesito oler su pelo al despertar y al acostarme, será soberbia la que me llama soberbio, y me decía que me amaba, a mí y a mis obras, valiente aduladora.
-¡Vete cobarde, si tienes miedo de verte!
¿Qué quieres ahora maldito caballo?¿Qué miré por el balcón?¿Para qué quieres que la vea irse?
Estoy cansado de verla, mi amor, mi tierno amor, se lo creería la muy idiota, si tengo mis obras, anda y que se la lleve el soplo quieto del tiempo que a mi no se atreve a tocarme. Sí, ya voy. Mírala cómo se pierde entre tantas cabezas, toda esta gente es ignorante y ligera, alfileres perdidos sin ni siquiera saber que están en un pajar. Si me viesen y comprendiesen lo estúpidos que son, pobrecillos.
¡¿Y me llamarán soberbio?! Serán capaces. Yo tengo a mi caballo y a mis llamas, ahí que se queden con su teatro y sus miradas frías y falsas, adoran mis cuadros y mis libros por el motivo de que les dejan ver algo de verdad entre sus mentiras inconscientes.
¿Qée quieres ahora maldito caballo?¿Que mire mis obras? Por supuesto, ya voy. Oh, mira qué pertubador y bello es este retrato. Recuerdo vagamente a la amante a la que se lo dediqué, pero mira qué belleza. Sí, sí, esto es verdad, menos mal que existes, me sacas de mí y me salváis, pinturas ciertas. ¡Oh! Y este magnífico libro, cuánto me costo escribirlo.
-¡Así se pierda esa ramera!¿Se creará que la ame? Pobre.
Estos latigazos de mis llamas me dejan estar vivo, que suerte la mía.
¿Pero?.. ¿No será esto más que onanismo artístico? ¿Será pavo espiritual?..pero...
¿Por qué se ha ido? ¡Todavía puedo cogerla!
Saltó por el balcón con la intención de atraparla entre tanta gente, antes de morir en la acera, pensó fugazmente en su caballo. -¿Debería haberlo apagado?- Se decía. ¿Valdría de algo haberme engañado como estos ligeros de cascos? ¿Dónde está la solución? ¿La mordaza para el caballo en llamas que intenta vivir en mí?¿Habrá algún término medio?.. Entre el metataxidermismo y la autoadmiración total y tranquilizadora de la egocéntrica genialidad.
Quizá será convertir la vida en arte y poder vivir viendo una creación azarosa. No le dio tiempo a acabar, se murió.

lunes, 24 de mayo de 2010

BOHEMIO REBELDE. DANILO LANDÁZURI. 2º BACH TEC

(POETA III)

Este es el soberbio,
el terrible,
el bohemio rebelde;
el que se desmarca de las normas,
el que primero escribe
y luego nunca
a los otros lee,
ni a grandes ni pequeños.

Que no mira las horas siquiera
porque sabe que nadie le espera,
que acaricia las lisas esferas
a falta de risas acompañantes.

Que no corrige sus obras creadas
porque, solitario, sabe que no hay quien se las critique;
que no plasma en ellas dedicatorias pensadas
porque, solitario, no tiene admirador destinatario
a quien se las dedique.

El que acude a actos y eventos
y escondido en las últimas filas
no se asombra ni se deja sorprender;
el que nunca aplaude y
el que escondido, aplausos tampoco busca;
que sin enterarse pero consciente
sin más en el olvido,
será, (y lo sabe), olvidado para siempre.

Saber que son los sucesos incuestionables:
los precisos, los de siempre.
Saber que siempre ha sido igual…

Son las marcas del soberbio,
del irremediable,
del bohemio rebelde.

Pero una cosa es más que cierta,
y es preciso que se cuente por respeto:
que era él el que se reinventaba a sí mismo,
que nunca cogió un pensamiento robado
porque aunque la misma idea, él sólo la descubrió
despreocupado por la lectura.

Sí, es preciso que se sepa,
que fue él
un bohemio rebelde,
un bohemio soñador…
tal vez, sin lucidez,
pero fue él
el bohemio poeta.

lunes, 17 de mayo de 2010

EL GUIÓN INCUESTIONABLE. DANILO LANDÁZURI 2º BACH TEC

(POETA II)
Y a aquellos también:
cada letra es un intento
a veces fallido, a veces contento.

No todo está escrito
pero sí la mayoría
porque todo llovería, se dijo,
en tiempos que no son los nuestros.

La luna se siente agotada
de rotar en torno a la noche
y al fracaso,
de aparecer obligada,
de rotar por rotar,
de rotar sin descanso.

Los caminos se cortaron,
los caminantes dieron vuelta atrás,
su calzado es anticuado;
hartos de andar y andar…
las suelas de sus zapatos perdieron función,
caerse para luego continuar, ya no.

Los preciosos campos…
los pájaros en el arroyo…;
princesas, brujas y dragones…
alcohol, penumbra, desamores…

Las dunas no se convierten en oasis
y los mares fluyen sin más.

Los sustantivos enemistaron
con los adjetivos sin sentido.

La cajita de los temas
ya no tiene nada,
los nacidos para esto
nos la dejaron vacía.

No tienen aquellos
licencia oficial de reconocimiento,
sin embargo, sí la del tipo espontánea;
no tienen aquellos
en las mentes de nadie, su pensamiento,
pero sí todo el derecho
a ser atentamente escuchados
aunque quizá en ambientes reducidos;
mañana, olvidados para siempre.

EL GUIÓN INCUESTIONABLE. DANILO LANDÁZURI 2º BACH TEC

(POETA II)
Y a aquellos también:
cada letra es un intento
a veces fallido, a veces contento.

No todo está escrito
pero sí la mayoría
porque todo llovería, se dijo,
en tiempos que no son los nuestros.

La luna se siente agotada
de rotar en torno a la noche
y al fracaso,
de aparecer obligada,
de rotar por rotar,
de rotar sin descanso.

Los caminos se cortaron,
los caminantes dieron vuelta atrás,
su calzado es anticuado;
hartos de andar y andar…
las suelas de sus zapatos perdieron función,
caerse para luego continuar, ya no.

Los preciosos campos…
los pájaros en el arroyo…;
princesas, brujas y dragones…
alcohol, penumbra, desamores…

Las dunas no se convierten en oasis
y los mares fluyen sin más.

Los sustantivos enemistaron
con los adjetivos sin sentido.

La cajita de los temas
ya no tiene nada,
los nacidos para esto
nos la dejaron vacía.

No tienen aquellos
licencia oficial de reconocimiento,
sin embargo, sí la del tipo espontánea;
no tienen aquellos
en las mentes de nadie, su pensamiento,
pero sí todo el derecho
a ser atentamente escuchados
aunque quizá en ambientes reducidos;
mañana, olvidados para siempre.

miércoles, 12 de mayo de 2010

SÓLO SIGNOS SON. DANILO LANDÁZURI. 2º BACH TEC

(POETAS)

Las plumas usadas
también fueron deshechas,
los asientos y las mesas
guardan nada más que sus siluetas dormidas,
y el recuerdo y las ideas
hoy sólo son tinta impresa.

Que escuchéis esta osadía
es pedirle fuego al frío,
es fácil comprenderlo: vuestra llama se apagó.

Que lo hubieséis entendido
tampoco se aleja de lo claro
y es que la verdad es algo simple
al descodificarla con sinceridad.

De mis manos secas y agrietadas,
del calor intenso a mediodía
llevo a casa las raíces,
el alimento de cada sol.

En vuestros tratados, versos y párrafos;
en vuestras melodías, letras y teatros
mis campos y el esfuerzo,
los tópicos transformados
sin dueño.

Cuando vuestras dudas me den el sustento
entonces las almacenaré en mi alacena,
cuando vuestros abstractos calmen mi sed
llenaré los ríos con cada uno
como gotas exquisitas.

Vuestras ideas calcadas en papel
en forma de signos, de palabras,
me desconciertan, son fugitivas,
me atraen, son admirables,
me alegran, son llamativas.

Cristales valiosos y escasos
reflejan rayos intermitentes
que me susurran vuestra imagen;
abren mis sentidos,
desabrochan de ellos
hasta el último botón,
pero sólo eso,
sólo signos son.

SÓLO SIGNOS SON. DANILO LANDÁZURI. 2º BACH TEC

(POETAS)

Las plumas usadas
también fueron deshechas,
los asientos y las mesas
guardan nada más que sus siluetas dormidas,
y el recuerdo y las ideas
hoy sólo son tinta impresa.

Que escuchéis esta osadía
es pedirle fuego al frío,
es fácil comprenderlo: vuestra llama se apagó.

Que lo hubieséis entendido
tampoco se aleja de lo claro
y es que la verdad es algo simple
al descodificarla con sinceridad.

De mis manos secas y agrietadas,
del calor intenso a mediodía
llevo a casa las raíces,
el alimento de cada sol.

En vuestros tratados, versos y párrafos;
en vuestras melodías, letras y teatros
mis campos y el esfuerzo,
los tópicos transformados
sin dueño.

Cuando vuestras dudas me den el sustento
entonces las almacenaré en mi alacena,
cuando vuestros abstractos calmen mi sed
llenaré los ríos con cada uno
como gotas exquisitas.

Vuestras ideas calcadas en papel
en forma de signos, de palabras,
me desconciertan, son fugitivas,
me atraen, son admirables,
me alegran, son llamativas.

Cristales valiosos y escasos
reflejan rayos intermitentes
que me susurran vuestra imagen;
abren mis sentidos,
desabrochan de ellos
hasta el último botón,
pero sólo eso,
sólo signos son.
 
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