BIENVENIDOS A ESTE RINCÓN POÉTICO

"Porque se tiene conciencia de la inutilidad de tantas cosas a veces uno se sienta tranquilamente a la sombra de un árbol- en verano- y se calla". A. González.



En esa tranquilidad os invito a acompañarme en este paseo literario que todos juntos vamos creando.







domingo, 25 de septiembre de 2011

El otoño se acerca



El otoño se acerca con muy poco ruido:
apagadas cigarras, unos grillos apenas,
defienden el reducto
de un verano obstinado en perpetuarse,
cuya suntuosa cola aún brilla hacia el oeste.

Se diría que aquí no pasa nada,
pero un silencio súbito ilumina el prodigio:
ha pasado
un ángel
que se llamaba luz, o fuego, o vida.

Y lo perdimos para siempre.


Ángel González

El otoño de Ángel González
Ángel González es poeta de retornos: el retorno a Oviedo, paraíso casi perdido; el retorno como desganado aunque implacable ala poesía; el retorno a la antigua tristeza… En su libro «Otoño y otras luces» apenas contiene treinta y tres poemas, el más largo de los cuales consta de veintiún versos. Y, sin embargo, es suficiente para ofrecernos algunos destellos de auténtica poesía.

El otoño de Angel González es la antesala del invierno. No se acerca el poeta al otoño dorado de Keats o al melancólico de Lamartine. Su otoño es helado, ya desde el primer verso: «El otoño se acerca con muy poco ruido». ¿Como la muerte? Y con el otoño ha pasado un ángel, ángel como el propio poeta.
Que se llamaba luz, o fuego, o vida. Y lo perdimos para siempre.
El poeta adopta el tono elegiaco, que es el tono mayor de la poesía, para encararse al gran tema poético del paso del tiempo:
Entonces era otoño en primavera, o tal vez al revés: era una primavera semejante al otoño.
Dos temas se repiten a lo largo de este libro, de manera especial en su primera sección, titulada «Otoños»: el otoño helado y el invierno que llega, de una parte, y de otra, la sensación del amor perdido.
¿Y me preguntas hoy por qué estoy triste? De los álamos vengo.

A la serenidad habitual del otoño, incluso en cuanto representación de la madurez de la edad, Ángel González opone un otoño invernal, de frío en el alma. Con versos libres y cortos, como acostumbra, alcanza el arte mayor, porque la elegía, el paso del tiempo, la desolación del alma son poesía mayor. «Otoño y otras luces» estremece por sus hielos. Ahora nos damos cuenta de que, pese a sus actitudes civiles, tan claras, por lo demás, González fue un poeta intimista. Sin nostalgia del pasado ni esperanza en el futuro. El tiempo importa poco. Lo que importa, a este existencialista residual, es la presencia del invierno, «no sé si ya pasado o por venir».

Esperemos no sentirnos en un invierno en este otoño incipiente.
 
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