BIENVENIDOS A ESTE RINCÓN POÉTICO

"Porque se tiene conciencia de la inutilidad de tantas cosas a veces uno se sienta tranquilamente a la sombra de un árbol- en verano- y se calla". A. González.



En esa tranquilidad os invito a acompañarme en este paseo literario que todos juntos vamos creando.







martes, 1 de junio de 2010

NANAS DE LA CEBOLLA MIGUEL HERNÁNDEZ



Nanas de la cebolla
[Poema: Texto completo]
Miguel Hernández

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre.
Escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla,
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar
cebolla y hambre.

Una mujer morena
resuelta en lunas
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete niño
que te traigo la luna
cuando es preciso.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa,
vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.

Desperté de ser niño:
nunca despiertes.
Triste llevo la boca:
ríete siempre.
Siempre en la cuna
defendiendo la risa
pluma por pluma.

Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.

Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.

Vuela niño en la doble
luna del pecho:
él, triste de cebolla,
tú satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.

6 comentarios:

Marian dijo...

Dice GArcía Montero que a Elisa, su hija, le gusta Las nanas de la cebolla de Miguel Hernández. Por esa razón él las recita por la casa intentando dar sentido a los tonos, para que perciba el plantamiento , nudo y desenlace de las historias vividas, de las historias contadas.

Lo cierto es que esta historia es muy sencilla: Miguel Hernández estaba preso en la cárcel de Torrijos en Madrid cuando recibió una carta de su mujer diciendo que las necesidades económicas eran tantas que su hijo y ella sólo podían comer pan y cebolla. Esa angustia provocó uno de los poemas más bellos de nuestra poesía.
Ya sabéis que no puedo leerlo sin que se me pongan los pelos de punta.
Poco más hay que saber del desenlace...

Atry dijo...

Como ya te dije en su día Marián, (cuando nos la leíste en clase) es una poesía preciosa, triste pero bonita, es una pena que obras de este calibre tengan que nacer a causa de desgracias.

Marian dijo...

¡qué razón llevas, Atry, qué razón llevas¡
Un saludo por estar ahí siempre.

Anónimo dijo...

Cuando el poeta recibe la carta de Josefina, Miguel permaneció recluido, con una gran depresión, en los dormitorios, sin salir al patio de la prisión. Después de dos días de "autoreclusión", apareció en el patio y recitó de memoria este poema a sus compañeros... Así explicaba Miguel en carta:

"Estos días me los he pasado cavilando sobre tu situación, cada día más difícil. El olor de la cebolla que comes me llega hasta aquí, y mi niño se sentirá indignado de mamar y sacar zumo de cebolla en vez de leche. Para que lo consueles, te mando esas coplillas que le he hecho, ya que aquí no hay para mí otro quehacer que escribiros a vosotros o desesperarme..."

Marian dijo...

Este poema se cuenta entre mis preferidos. Me emociona como pocos. Por eso he elegido esta entrada para dejar mi comentario y darte la enhorabuena por el blog, que me parece muy cálido, acogedor, poético...Me gustará pasarme por aquí ;)

Marian dijo...

Gracias Marian por visitarnos. Ya sabes donde tienes un rinconcito para soñar.
Te animo a que nos acompañes.

 
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